26 nov. 2007

¡Leopoldo renunció, pedazo de gaznapo maloliente! (o un post cadavérico para una noche deleznable)

Avíspate, leé bien el enunciado, concentrate hasta la última oración. Vengo de dar un parcial en el que me hubiera (o hubiese) ido bien si no fuera por culpa de un tal Leopoldo al que se le ocurrió renunciar a la herencia de su padre Ignacio, muerto en 2005, casado el viejo con Betiana y cuya herencia se dividirá entre los hijos de Jesús, su hijo, prefallecido y casado con María, con quien engendró a Ramón y a Palito, o sea nietos de Don Ignacio, sus bisnietos Salomón, David y Thalía, hijos de Patricia que murió soltera y era hija de Bartolomé que era hijo de Ignacio que era hijo de Zeus y de Hera, su nuera Elena, viuda de Tomás, también hijo del causante, sus nietos Eric y Néstor hijos del hijo muerto Rafael y sus bisnietos Pedro y Pablo que heredan en representación de Magalí, hija de Jesús y casada con Jaime, hermana también de Ramón y Palito -dicho sea de paso para completar- cuyo deceso se produjo con anterioridad al del mencionado Ignacio, de quien se desprendió todo este quilombo. La quieren más complicada? Ok, matamos a Pedro antes de continuar.

Gráficamente, la cosa sería así:

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Bueno, como dije al principio, Leopoldo renunció a la herencia que le correspondería en calidad de hijo del finado Ignacio. Esto es importante porque hace acrecer la parte que le toca a los demás. Excepto a la nuera viuda, Elena, pues la nuera viuda es sucesora no heredera: de la herencia de sus suegros recibe un cuarto de lo que que le correspondería al marido si vivese, y lo recibe sin derecho a acrecer, entre otras cosas.

Sólo había bienes propios para repartir. Todo bárbaro, la cuenta daba perfecta. Las fracciones se complementaban las unas a las otras, cada una con su correspondiente denominador: los hijos heredan la misma parte que la conyuge supérstite, los nietos hermanos entre sí se reparten la parte del hijo al que representan, y los bisnietos -hermanos entre sí- a su vez se dividirán lo que debería recibir el nieto al que representan, fallecido con anterioridad.

Pero no nos apresuremos. Primero veamos cual es el acervo hereditario:

-Una casa en Mar del Plata, valor: $75.000

-Dos camionetas: $35.000 cada una

-Una casa de dos plantas en Caballito: $185.000

-Una colección de estampitas valuada en $18.000

-Un autógrafo de Leonardo Simons: US$80 (a $3,15 el dólar da $252)

-Un caballo de carreras: $12.748

-Una cuenta bancaria con $24.000

-Una deuda acreditada por 8.000

Además, en vida Don Ignacio donó, en 1997, $10.000 a la Shell de la esquina de su casa porque andaba caliente con la playera (lo hizo para cancherear, por ahí la piba se fijaba en él y si un día le llegara a tirar los galgos agarraría viaje, milagros del viagra y conclusión de esta vida posmoderna), donó también, en 2002, dos cuadros por un total de $5.000 a su nieto Eric, y en el 2004 le regaló $90.000 a su hijo Leopoldo para que los gastara en lo que quisiera y por ocho años no le rompiera las pelotas (¿o sabría que se iba a morir?).

Por último, Don Ignacio hizo un testamento en el que dejaba una de las camionetas a Ramón y la otra a Palito, y a su nieto Néstor le dejaría su colección de estampitas, pues de niño siempre le habían llamado la atención y una tarde fría de otoño, mientras tomaban chocolate, le había prometido que algún día ese álbum sería de él.

¿Interesante, no? ¿Emotivo? Tal vez. Esta es una sucesión de laboratorio, aunque no por eso tenga algo de anormal. En la próxima entrega, verás cómo se divide la masa de bienes que hay en juego, sabrás además si a Leopoldo le convenía renunciar o no a la herencia de su padre y te vas a enterar cuánto te llevarías si fueras David.

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